29.5.13

me guiña un ojo casi imperceptible



me guiña un ojo casi imperceptible
-con precisión de segundo-
sobre el espejo en que nos medimos las arrugas,
yo vencido, y ella
seductora, inmaculada, vencedora inconsecuente. 

su presencia no tiene remedio 
en mis mañanas,
horas llenas de nada que busca ser fértil,
busca acariciar y aferrar, 
susurrar y morder.
ella
solo devuelve la más pálida de las mejillas,
cortante
como hoja sin mella. 

su desdén es etéreo y frio.
me ignora ruidosamente.
con pulsante constancia me ignora.

entre neurona y ventrículo llevo su nombre.
recito devoto sus títulos
y espero
-de nada sirve adular-. 

se sienta frente a mí,
en mi mesa, en mi casa, 
y me niega
-arrogancia de diva provinciana, 
consciente reina del lugar-.
mira con calma intensa
el nerviosismo de mis dedos,
el sudor de mi frente que busca y no encuentra
sus favores.

un estrépito de agujas lanzadas al aire
marca el final de nuestros días juntos,
y se va. se marcha. desaparece,
y el eco de su victoria me persigue a la cocina,
entre el pan y el tomate,
las rutinas que no son ella
-y por eso ella es más,
es mejor que...-

aveces
-en las noches de vueltas
y recapitulación-
la escucho acercarse y dejar
-breve como alivio de enfermo-
la huella a pie de labio 
de un beso

que olvidaré en la mañana.

15.12.12

"Casas y viajes. Retornos y residencias" Poemario bajo Creative Commons



hace varios meses terminé de escribir una colección de poemas y, hasta hoy, no sabía muy bien qué hacer con ellos. por un lado me encantaría publicarlos en una editorial tradicional, pero, por otro, creo que distribuirlos de manera gratuita y bajo una licencia de Creative Commons hará que más gente pueda disfrutar (¡espero!) de ellos. y de eso se trata.

no he invertido nada de tiempo en crear una portada o preparar una maquetación especial; aquí tenéis los textos tal cual son, sin adornos externos. si alguien quiere exportarlo a otros formatos (ePub, mobi...) ¡adelante! si me enviáis una copia la añadiré a la lista :)

tal y como indico en el propio poemario, creo que la cultura debería ser Libre, así que, por favor: 


¡Copia este poemario! 

¡Envíalo por mail! 

¡Pega los poemas en tu web!

¡Crea nuevas obras basadas en ellos! 

¡Imprímelos y regálaselos a quien quieras! 


solo recuerda mencionar que yo soy el autor de la obra inicial, compártela de manera gratuita y bajo el mismo tipo de licencia..

si te gusta este poemario, puedes pulsar el botón que hay en la columna derecha de este blog y hacer un donativo para ayudarme a seguir escribiendo. 


tengo que reconocer que disfruté mucho escribiendo el poemario, y espero que su lectura os parezca interesante. si es así, ¡hacédmelo saber! ¡enviadme un mail o dejad un comentario!




20.10.12

la noche pinta horrores


la noche pinta horrores en sus ojos cerrados
y él ve sombras y oye gritos
más allá del cristal
y tiembla como nunca lo hizo
siendo joven.

cree que hay gentes en la plaza y arde la casa
[la casa que fue suya con esfuerzo,
la casa en que cogió la mano fría
de su compañera]

trata de bajar las escaleras y tropieza
y se cae, y se golpea y piensa,
todavía un rayo de lucidez entre las nieblas,
que quizá algo no va bien en su cabeza.
y grita su dolor y su impotencia de abuelo aferrado
a un frío peldaño de madera.

cuando llegan los hijos se repite
la escena con vocación de rutina:
el tacto, las miradas,
la acuciante sensación de final conocido pero nunca
nunca, nunca aún
asumido del todo.

y él se deja llevar y se acoda en la mesa,
en la cocina.
...y murmura, temblando,
que afuera llegan gentes.


[foto]

29.9.11

tras tu almohada

no hay más de mí
salvo en las sobras malolientes de la inspiración.
quemo
madrugada tras noche
buscando el ritmo que te haga amable
y tengo,
cuando despierto con los ojos pegados a la tecla,
un montón de líneas con mal
sabor de boca.
solo
lo que escribo tras tu almohada tiene
algo que ver conmigo.

6.7.11

7/7/11

la intención,
el miedo,
la vergüenza...
frente al ímpetu,
el amor,
el deseo, el sexo recordado,
el vaticinio.

todo
nos debería enseñar
algo.

merecemos menos tonterías
para con nosotr@s
mism@s.

14.1.11

Expats III

 [viene de Expats II]


- Así que “el tambor del llano” es, en realidad, la tierra sobre la que galopa el caballo. Buscad más figuras retóricas como esta en los cinco textos que trataremos durante la semana y hablaremos de ello en próximas clases. Pasadlo bien. Pero antes, si no me los habéis mandado por correo electrónico, dejadme en la mesa los trabajos de la semana pasada.


Y con eso termina una clase más de las que imparto como Profesor Asistente. Es extraño lo rápido que se amolda uno a hablar con esta cadencia, un poco más lenta de lo normal, a repetir las cosas importantes casi sin darme cuenta, para que las alumnas y -os de primero de literatura española puedan seguirme. Mientras una fila de estudiantes más tradicionales me dejan sus copias de papel sobre la mesa saco el móvil del bolsillo y activo el sonido, viendo que tengo una notificación de correo electrónico, de “Kata-Ustream”, asunto “Last night lip-clip”. Sin pensar en dónde estoy, me preparo a abrirlo pero una voz me saca de mi ensueño privado.

- ¿Profesor Suárez, puedo hacerle una pregunta? -Obviamente, todos los sonidos z se convierten en s con la soltura de quien ha oído español en casa, seguramente mexicana.

- Claro -y dudo cómo terminar la frase al darme cuenta de que no conozco el nombre de la alumna en cuestión-.

- Soy Melissa, Melissa Castillo.

Melissa pronunciado con acento norteamericano, Castillo, con acento mexicano. Y su sonrisa me deslumbra.

- La profesora Goldsmith me ha dicho que usted trabaja en el tema de la guerra española y el exilio a Estados Unidos, ¿verdad?

Y yo asiento sorprendido de que la profesora Goldsmith, que pertenece a este departamento pero no ha tenido conmigo ni media palabra amable desde que llegué, sepa algo de mi trabajo.

- Yo quiero estudiar el erotismo místico de Juan Ramón Jimenez y pienso que usted me puede ayudar con eso.

Wow. Pienso. Veinte años y ya tiene un tema de investigación más interesante que el mío.

- Por supuesto -digo- ¿que te parece si te pasas por mi despacho en las horas de tutorías que son los martes a las…

- Lo siento mucho, profesor Suárez -me detiene a mitad de la frase, sin dejar de sonreír ni un instante- pero tengo clases a esas horas. ¿Quizá sería posible quedar más tarde de las horas de clase, por ejemplo en una cafetería?

- Bueno, no tengo ningún problema, siempre que no pueda ser de otra manera…

- Perfecto -y su sonrisa se amplía un poco más, algo que parecía imposible hace apenas un segundo. Eso es todo lo que soy capaz de pensar, parece que esta alegría californiana me deja un poco fuera de juego-.

- ¿Sabes dónde está Didi’s? -Y me pregunto si el cambio a segunda persona es casualidad-.

- Lo cierto es que no, no conozco demasiado el campus aún…

- No hay problema. Yo te mando un mapa al correo con direcciones. ¿Mañana a las cinco de la tarde está bien?

- Está bien, claro.

- Adiós, profesor Suárez.

Y se marcha dejándome con la sensación de que algo no está del todo bien. Me quedo un par de segundos parado mirando a la puerta y recuerdo mi teléfono. Me siento en la mesa y abro el correo, para descubrir que contiene la palabra Abruzzio y un solo enlace. Hago click en él y me lleva a un canal de vídeo alojado en Ustream. Me pide una contraseña para entrar y, ante la falta de otra indicación, tecleo “Abruzzio”. Voilá, comienza la emisión. Cinco minutos de vídeo editado que contiene fragmentos de conversaciones. Todo grabado, está claro, desde el Enenai de Kata y todo conmigo de protagonista. Y yo que creía haber estado obsesivamente atento al rojo parpadeo de esa maquinita. A los pocos segundos empiezo a notar que todos los clips se centran en mí hablando con o escuchando a Chris, y en todos ellos -horror- yo termino lamiendo ligeramente mi labio inferior y mordiéndolo un poco. Como si fuera un tic. Está claro que es algo de lo que yo no soy consciente. Pero lo hago, hasta seis veces en los diferentes fragmentos. Siempre mirando a Chris. Mierda. ¿Tan sencillo de leer resulto? Lip-clip, ahora entiendo. Al final, fundido en negro y la frase “Don’t bit yourself. Your secret is safe with me”. Y un smiley. Como en los ’80. Genial.

Recojo los trabajos de mis estudiantes, los meto en mi cartera y salgo desolado a caminar por los amplios corredores para encerrarme en mi despacho.

Genial.

Me siento en la silla y enciendo el ordenador para volver a ver el vídeo en pantalla más grande. Obviamente esto no lo hace mejor, sino más grotesco. ¿Se lo habrá enviado también a ella o se mantendrá al margen como indica al final? En cualquier caso, mierda.

Decido hacer lo único que puedo hacer en este caso que no resulta cobarde ni demasiado audaz… seguir como si no hubiera pasado nada y abrir una nueva sesión de chat con Chris en mi cuenta de correo. Sigo pensando que invitar a todo el grupo a mi casa para disfrutar de una “cena española” es una buena forma de conocerles mejor. A los pocos segundos Chris me responde que le parece una muy buena idea y que ella se encargará de convocar a la gente. Mi pequeño apartamento no es ningún lujo, pero espacio para cuatro o cinco personas sí que hay, y unas buenas tortillas con varias botellas de Rioja no pueden hacer daño a nadie. Varios intercambios de mensajes más tarde ya está todo listo, el miércoles a las cinco de la tarde quedamos en mi casa para preparar la comida -parece que ella va a llevar algo mexicano pero quiere aprender a hacer tortilla a la española- y el resto llegará a las siete. Suena como un buen plan.

Aún estoy sonriendo como un idiota cuando me llega un email de Melissa con la dirección de la cafetería, que resulta ser una confitería o algo así, en la que quedamos el martes. Parece que está mucho más al sur del campus de lo que yo había previsto, para nada cerca de la parte de Humanidades. Extraño. Firma el email con cinco versos de Juan Ramón Jimenez “No eres mi redentor, ni eres mi ejemplo, / ni mi padre, ni mi hijo, ni mi hermano; / eres igual y uno, eres distinto y todo; / eres dios de lo hermoso conseguido, / conciencia mía de lo hermoso”. Y tras leer la cita yo me pregunto cómo la tarde se ha podido volver tan extraña en tan solo unos minutos.

Dedico un par de horas a olvidarme del mundo, metiendo las narices en los trabajos enviados por mis estudiantes y, al darme cuenta del nivel intermedio de redacción que tiene la mayor parte de ellos, me pregunto por qué Melissa estará en esa case, ella que es claramente una hablante avanzada, y si no fuera por sus errores de coordinación diría casi bilingüe. Seguro que su abuela es mexicana y el español de sus padres ya está mezclado con muchos anglicismos, seguro que ella aprendió en casa pero también en la escuela, y de ahí la fluidez de expresión pero también de ahí los errores. Con un nivel como el suyo, ella podría haber pasado a Español 101 directamente en vez de hacer el curso de introducción, destinado sobre todo a enseñar vocabulario y practicar análisis básico.

Busco su trabajo entre los que me entregaron en papel y lo corrijo antes que los demás, con curiosidad, para comprobar que es casi impecable, y que está claro que esa chica sabe lo que hace en cuestión de análisis literario y cultural. 


Termino el resto de la pila y subo las notas a la web del curso, dejando los originales corregidos en una bandeja junto a mi puerta.

El camino a casa es refrescante, están poniendo los aspersores para regar las zonas ajardinadas y el cielo de Los Angeles se está volviendo oscuro con tintes rojizos. Cosas de la polución, supongo.

En casa vuelvo a ver el vídeo de Kata y me horrorizo sádicamente ante lo evidente de mi gesto. Y, sin querer admitirlo del todo, ante lo rústico de mi acento cuando hablo. Lástima no haber aprendido la lengua de Dickinson siendo más joven. Me ahorraría muchas “j” embarazosas y quizá me daría un ritmo más coherente al hablar, y no está mezcla de british/american con la que me expreso. Lip-clip. Cuanto más pienso en ello, más gracia me hace. Desde la distancia, claro.

En un extremo de la pantalla veo el nombre completo de Kata “Katharina Rebecca Schweizer”… así que dejo a Google hacer un poco de su magia acosadora y me encuentro con diferentes páginas que apuntan a ese nombre, y varias de ellas señalan realmente a la Kata que yo conozco. Después de media hora de obsesiva investigación, compruebo que Kata lleva desde los dieciocho años experimentando con las artes visuales, publicando en diferentes medios y ganado premios por su trabajo. Veo mucha fotografía experimental, bastantes desnudos -algunos autorretratos que me resultan vouyeristicamente fascinantes a pesar de la estética oscura que ella cultivaba en aquellos años-, después pequeños vídeos que son más concepto que otra cosa. Luego sus últimos proyectos, documentales que parecen interesantes. Me descargo uno sobre un orfanato de Hamburgo y veo parte de otro sobre mendigas en Venice Beach. Fascinante. 

Son las ocho de la noche y estoy solo frente a la pantalla de mi ordenador que me ilumina y proyecta un cono de luz a la habitación. Todo está oscuro afuera. 

Tomo impulso sobre mi silla y cojo la chaqueta que dejé la noche pasada sobre el sillón. La puerta retumba a mi espalda y yo camino calle abajo. Tengo hambre y sed, ganas de comerme esta ciudad y casi todo lo que contiene. 


Mis pasos intentan ser tan amplios como mi sonrisa.

2.12.10

Expats II


[viene de Expats I]


- But we don’t have that kind of water!
Y todos nos empezamos a reír porque es, sin duda, uno de los mejores chistes de la noche.
La responsable de nuestra risa es Caroline, compañera de clase de Chris que puede contar las mejores anécdotas sobre arquetipos de la Norteamérica profunda, posiblemente gracias a su marcado acento francés. Según lo que ha ido contando, lleva unos tres años en el país, haciendo lo mismo que yo, y se mueve por el sistema social de Estados Unidos como un pez en el agua, tanto que hasta su lenguaje corporal me parece una mezcla de idiomas, pero quizá eso sea obra del Montepulciano rosso con el que estamos cenando.
Nuestros otros dos acompañantes son Stephen, pareja de Caroline, y Kata, una documentalista alemana que nos recibe en el restaurante a golpe de flash porque “las primeras impresiones son las que cuentan y se olvidan con demasiada rapidez”. Al margen de la sorpresa inicial ante la abundancia de fotos -una de Chris, que posó sin el menor asombro, una mía, y una de los dos-, la chica lleva una especie de auricular bluetooth, como los que se usan para hablar por teléfono, pero que, además del aparato convencional, lleva un cilindro blanco marcado con las letras Looxcie en negro, que al principio me parece una extraña linterna pero que luego, para mi horror, identifico como algún tipo de cámara de vídeo. Lo primero que Chris me explica al sentarnos es que Kata está metida de lleno en nuevo proyecto que intenta reflejar momentos al azar de su vida de expat, como emigrante en Estados Unidos. Mediante un software instalado en la cámara, ésta se activa a intervalos de tiempo aleatorio que varía entre los seis minutos y las seis horas, enviando las imágenes captadas a un servicio de almacenamiento online del que luego Kata extrae los contenidos de su próximo documental. Lo más gracioso es que se refiere a su cámara como “Enenai”, algo que al principio me confunde aún más porque pienso en alguna remota ayudante de filmación, hasta que Chris me explica que así se refiere a las siglas de su “Non-Neutral Eye”. Kata lleva cuatro meses grabando lo que le rodea y aún le quedan dos más para terminar su trabajo. 
Cuando escucho su historia le digo que me parece fascinante. Después le pregunto por las implicaciones para la privacidad de otras personas. Ella se limita a sonreír ante mi primer comentario pero se lanza a una explicación de cómo es necesario, para sí misma, terminar con esa noción del individuo aislado y ser más consciente de la interconexión de todo lo que nos rodea. “Privacy is bullshit nowadays”, dice mientras hunde un generoso trozo de pan blanco en un platillo con aceite y vinagre balsámico.
A pesar del buen rollo colectivo, tardo una media hora en olvidar la cámara, relajarme por completo y dejarme llevar por la conversación. Supongo que el entorno familiar me ayuda, porque cenando en esta trattoria cerca de las playas, nadie podría suponer que no estamos en una villa pesquera mediterránea: los camareros son italianos, la carta es bilingüe y la decoración recuerda, para bien y para mal, a la que podríamos encontrar en cualquier casa de comidas de Napoles. Esto no es una réplica o, si lo es, alguien se lo tomó muy en serio. Nada de esa estupidez de manteles a cuadros rojos y blancos que parece ser la idea norteamericana de un restaurante italiano. Y nada de pizzas para llevar como primera opción del menú; en esta casa se come Gnocchi con sugo alla matriciana, Rigatoni Arrabiata, Filetti di spigola, y otros platos que requieren más trabajo del que suelen estar acostumbrados en la mayoría de locales de por aquí. 
El vino corre con total libertad de las botellas, que ya son dos, a las copas, que no se mantienen vacías demasiado tiempo. Sólo Chris y Stephen se continúan bebiendo su primer servicio, por aquello de coger el coche, supongo. Caroline está en pleno maratón de anécdotas mientras Kata termina su plato de pescado y sonríe ausente, al margen de todas las miradas, con el Enenai colgando en un ángulo extraño y la cámara reflex en el medio de la mesa, aparentemente olvidada entre botellas. 
Hablamos principalmente en inglés matizado por escarceos romances puntuales con los que se marca, supongo, que quizá la anglosajona sea hoy lingua franca, pero que cada persona siente las cosas en el idioma con el que creció. Christina parece hablar español y francés sin problema, de modo que participa en todos los apartes con soltura, mientras que Stephen sonríe mansamente ante cada irrupción de palabras extranjeras.
La última historia de Caro llega a su inevitable final acompañada de nuestras risas y creo ver algo extraño en la sonrisa de Kata, que desaparece en tras el muro levantado por copa de vino que la documentalista bebe con calma. Christine toma el relevo y empieza a contar su experiencia inversa visitando Francia en el instituto y viviendo con estudiantes  europeos en Ciudad de México durante el penúltimo año de carrera. La historia es una nueva versión del cultural shock de siempre, adornada con una selección de anécdotas que merecería la pena escuchar con atención de no ser por la extraña mirada de Stephen a la botella vacía que Kate levanta mientras hace un gesto al camarero. La botella refleja el LED rojo encendido que indica la segunda puesta en marcha de la cámara y yo vuelvo a no saber exactamente que pensar sobre esta “vida en directo”.
El camarero se acerca con una nueva botella y Caro aplaude con las mejillas encendidas. Al ritmo al que vamos, terminaremos con más de una botella de Montepulciano por cabeza. Mañana es un día tranquilo, así que levanto mi copa a modo de brindis y me esfuerzo en no analizar demasiado por qué bebo hoy, entre extraños, más tinto que con mis amigos, cuando me despidieron en España. Las últimas gotas de vino resbalan del vidrio a mi lengua llevándose cualquier preocupación más allá del ahora, y me alegro de no tener ninguna responsabilidad automovilística.
Escasos minutos después ya estamos compartiendo experiencias terribles que tienen como protagonistas a nuestras ex-parejas, y otras historias para no dormir mal acompañado. Christina habla con soltura sobre un chico de Baja California con el que estuvo saliendo durante un par de años, hasta que él decidió marcharse a Cancún para trabajar como tasador de obras de arte a sueldo de una empresa holandesa. La sorpresa, según Chris, no fue sólo que sacrificara su relación y se vendiera a una casa cuyos negocios con arte indígena le había granjeado una consolidada dudosa reputación, sino que la amante del tipejo en cuestión se pusiese en contacto con ella para solidarizarse, porque ahora las dos le habían perdido. Un brindis contra la integridad del género masculino en su totalidad, suscrito fervorosamente por los dos varones presentes, es el encargado de dejar medio vacía la nueva botella con la que Kata está alcanzando un curioso nivel de familiaridad.
La alemana está claramente en el lado sombrío de una incipiente borrachera y su sonrisa constante tiene una falta de firmeza que se asemeja al desprecio cuando brinda dos veces, porque, le explica a Chris, “One should never forget such an important lesson”. Y ajusta el Enenai, mirando directamente a Caro y Stephen.
Todos nos quedamos en silencio durante un par de segundos más de los prudentes para evitar una situación incómoda, así que cojo la reflex abandonada entre las botellas y apunto a Kata sin tener demasiado claro la reacción que esto despertará. El ajuste automático del zoom es tan rápido que casi me sorprendo cuando se dispara el flash y una imagen fantasmagórica aparece en la pantalla. Ella se limita a estirar la mano, recoger su cámara, mirar la imagen y negar con la cabeza. Levanta el flash apuntando hacia el techo, dirige el objetivo a Chris, que sonríe encantada, y dispara dos fotografías consecutivas.
Cuando salimos del restaurante, con el sabor del mascarpone, el cacao y el café aún presentes a pesar del grappa, Santa Monica nos recibe con un viento cálido y pesado, que hace pensar en camas hechas de arena. La despedida es breve y salimos disparados en tres direcciones diferentes: Chris y yo al aparcamiento, Caro y Stephen al iluminado paseo,  y Kata hacia el interior de la ciudad, despidiéndose entre las sombras de una estrecha aceca con su cabeza convertida en un apenas visible punto rojo que, en esta feliz noche de expats, quizá sólo brille para mí.